¡Oh! Pasad, pobres mortales. Quizás os preguntéis qué es esa criatura que podéis ver encima de éstas palabras. Es una criatura que proviene de Khrívaly, pero se dedica a viajar por el universo para colonizar planetas habitados y cumplir una misión muy simple: Protegerlo de los Devoradores de Dioses/Mundos (Ya hablaremos de esas nauseabundas criaturas). Es una Horguenkai y pueden cambiar de una forma planta (Arriba) cuando hay mucha humedad a una forma de hongo (Abajo) cuando está en una zona seca. El carácter cambia según el mundo donde cayesen, pero principalmente son muy amistosas. Tienen tres razas, pero la que se adentra en los mundos (En realidad se lanza una vaina y de ella nacen en el mundo directamente) son las de la raza Endencontés, también conocidas como Endes. Éstas pequeñas tienen unas cuantas misiones fundamentales: Adaptar su cuerpo al mundo, aprender todo sobre él y reproducirse para que nazcan Horguenkais de una raza guerrera adaptadas a esas condiciones.
Pero me enrollo demasiado, mirad lo que pasó aquella vez que una Horguenkai cayó en vuestro planeta, La Tierra:
Por
vuestro bien
Fiesta
nocturna. En un pueblo perdido del norte de las Islas Canarias, se
celebraba un baile en honor a las vírgenes redentoras por la llegada
del verano. Los grandes barriles de cerveza se agotaban con rapidez y
la gran hoguera crepitaba con miles de libros de estudio
La
joven Anastasia había terminado su carrera y respiraba aliviada de
no tener que volver a aquellas infernales aulas. Bebió lo que pudo,
controlando que nadie intentase colarle algo en el vaso, y se unió
al baile principal cuando decidió que era suficiente.
Quizás
fuera la bebida, o tal vez el calor de la hoguera, pero deseaba
cometer una locura, algo que al día siguiente no recordara. Paseó
la mirada cerca de la barra principal, mordiéndose el labio mientras
probaba a sus futuras víctimas con la mirada. Un joven, tal vez
extranjero por su piel pálida y su cabello rubio, sería su primer
bocado.
Siguió
al joven con la mirada, alejándose de la zona de baile y
adentrándose en una zona oscura. Demasiado fácil, y apetecible. Un
extranjero perdido era perfecto para sus planes. Llegó hasta un
cementerio sin vigilancia ni muros y lo vio adentrarse en un callejón
entre dos mausoleos que Anastasia sabía que no tenía salida. Se
mordió el labio y le cortó la salida, jadeando de placer.
–Pobrecito.
¿Te has perdido? –preguntó Anastasia, babeando–. Te puedo guiar
por el buen camino.
Anastasia
entró en el callejón, sonriendo mientras el extranjero se daba la
vuelta. Y el extranjero se desvaneció ante sus ojos, como si fuese
un fantasma. La chica sufrió un escalofrío que le recorrió la
espina dorsal como una descarga eléctrica. Se giró con miedo,
dejando caer el vaso, y se encontró de frente con una criatura
humanoide femenina sin boca, y con la cabeza en forma de hongo.
–Hola,
quinceava madre viva, segunda madre humana –dijo la criatura–.
Has sido elegida para salvar tu mundo.
–¿Q…
Qué quieres decir? –Anastasia se tropezó con el vaso y cayó de
culo–. ¿Qué eres?
Anastasia
se arrastró hacia atrás, alejándose de la criatura y chocando su
espalda contra el final del callejón. La figura se acercó a ella
con soltura.
–Soy
una chica que busca proteger los hermosos mundos llenos de vida, esos
que habéis detruido. –La criatura habló durante un rato antes de
que Anastasia se diese cuenta de que el sonido no salía por ningún
orificio–. Antes de que los Devoradores de Mundos lleguen, debo
asegurarme que no aterrizan. Y ahí entras tú.
Anastasia
jadeó y cerró los puños, estaba demasiado cerca de ella. Las garras
de la criatura atravesaron la pared tras Anastasia y el miedo la dejó
paralizada. Quiso suplicar, pero las palabras no salían de su
garganta mientras una de las garras le arrancaba la ropa. Frente a
ella, estaba aquella criatura hembra, mirándola con aquellos ojos
carmesí que le producirían pesadillas.
Su
respiración iba demasiado rápida, igual que su corazón. Su ropa
desgarrada yacía en el suelo. Temía saber lo que iba a suceder.
Había visto demasiadas películas similares. Volvió a intentar
suplicar, pero sintió aquellos pechos húmedos rozando los suyos.
Demasiado cerca.
No
lo vio, sí pudo escucharlo y nada pudo hacer para evitar sentirlo
pegajoso contra su piel. Algo parecido a una lengua que salía de la
criatura, de su vagina. Las feromonas que expulsaba el hongo invadían
sus sentidos con un aroma denso y dulzón, que le hacía sudar y
ruborizaban su nariz y sus orejas, sus pezones y su vulva.
Vio
tras la criatura a varios animales deformes, transformados en seres
parecidos a la mujer hongo. Una osa, una coneja, otra humana...
Al
final sucedió lo que tanto había temido. En aquel sucio callejón
del cementerio, donde quiso pasarlo bien. La mujer hongo la violó.
Aquella
lengua extraña entró por su vagina y lamió su interior. Anastasia
gimió mientras varias lágrimas recorrían su rostro. Más esporas
y su cuerpo empezó a calentarse mientras cerraba los ojos, notando
todo su cuerpo pidiéndole a gritos dejarse lllevar. Abrió los ojos
de nuevo y no encontró a la mujer hongo. Allí estaba de el
extranjero.
–¿Sucede
algo? –le preguntó con una voz masculina muy seductora–. De
pronto te has quedado callada.
–Oh
–Anastasia negó con la cabeza–. Lo siento, debo haber bebido y
veo cosas.
–Sólo
déjate llevar.
El
extranjero la besó y ella no pudo más que gemir en silencio,
abrazando la espalda del hombre, extrañamente húmeda y blanda.
Cruzó las piernas para atraparlo y movió las caderas para notar
aquel pene travieso más profundo en su interior.
Arañó
la espalda de su compañero y soltó un fuerte gemido cuando notó en
su interior algo alargado moverse con precisión, satisfaciendo todos
sus puntos más sensibles. Pronto notó un líquido adentrarse en su
vagina.
Su
cuerpo se paralizó al correrse del placer y cayó al suelo, dándose
un golpe en la cabeza que la dejó inconsciente. La mujer hongo la
miró y le tocó la cabeza con delicadeza. El vientre de Anastasia
empezó a hincharse.
***********
Sólo
era una más. Un cuerpo desgarrado desde el ombligo hasta la vagina,
con el interior esparcido por la tierra, como si algo hubiese salido
con fuerza. No habían sospechosos, no habían testigos. Sólo una
víctima más. En otro lugar, dieciséis criaturas buscaban un lugar
plácido y solitario.
–Aquí
descansaré –dijo la mujer hongo mientras enterraba los pies en la
tierra y de su espalda salían ramas–. Aquí empezaremos todo.